Texto y fotografías: Luis Daniel Nava

Chilapa, Gro; 21 de diciembre de 2020.- Este año María del Socorro, su esposo, sus hijos y hasta nietos volverán a pasar la navidad y el año nuevo en una fría galera de cinco por cinco metros en Guaymas, Sonora, a más de dos mil kilómetros de su tierra Tlacoaxtla en el municipio de Chilapa, Guerrero.

Los campos agrícolas de El Triunfo de Santa Rosa, en Sonora, le ha ofrecido a María del Socorro y a pobladores de al menos 500 comunidades indígenas de Guerrero, lo que su municipio y esta entidad del sur no puede darles: un salario por ocho horas de trabajo.

Mientras su esposo hace los últimos trámites para abordar el autobús en el que viajarán 25 horas, María del Socorro y sus tres nietos de no más de 10 años, esperan sentados y serenos en una banqueta la hora de la salida.

Otras 150 personas de Chilapa y Zitlala esperan este jueves 17 de diciembre cargar sus pertenencias a su autobús en las inmediaciones de la Casa del Campesino de esta ciudad, cuyas portones, paredes y hasta cerca de alambre están tapizados de anuncios de enganchadores y contratistas de campos agrícolas de Sonora, Sinaloa y Baja California. 

María del Socorro lleva 15 años migrando a los campos del norte del país. Fue su esposo quien la llevó por primera vez. Después el matrimonio llevó a sus cuatro hijos y ahora han incluido a sus siete nietos que esperan cumplir los 13 o 14 años para entrar al trabajo. 

Este año la familia fue contratada durante seis meses para cortar calabaza y ejote de lunes a sábado de siete de la mañana a cuatro de la tarde y el domingo de siete a 10 y media de la mañana. El sueldo prometido por jornada es de 180 pesos, el equivalente a un salario mínimo y medio.

El domingo, su mediodía asueto, lo ocuparán para lavar, convivir con sus familiares y comprar la despensa en la tienda de raya de su campamento, que es un amplio espacio de galeras con canchas deportivas y hasta escuelas donde caben casi hacinados jornaleros de unos 40 camiones provenientes de Guerrero, Oaxaca, Chiapas y Veracruz. Unas mil 500 personas.

*Menores de edad se alistan para trabajar en los surcos de los campos agrícolas

En tan solo un día —del 14 al 18 de diciembre—de la Casa del Campesino de Chilapa salieron 14 autobuses con 549 personas, entre ellas 205 menores de edad.
 
Otro día de la misma semana se fueron 300 personas y el jueves 17, 150 más. La cifra diaria es variable, los autobuses cargan con 34 y hasta 55 personas.

El promedio diario de personas expulsadas como mano de obra agrícola desde Chilapa es de unas 300 personas, principalmente de las comunidades de Agua Fría, Santa Catarina, Nejapa, Atempa, Acatlán, Ocuituco, Ayahualulco y Tlacoaxtla.

Y desde al menos unos cinco años llegan a la Casa del Campesino familias de localidades de los municipios vecinos de Zitlala, Atlixtac, Acatepec y Tlapa.

De acuerdo al registro del gobierno municipal de cada 40 jornaleros agrícolas adultos, hay de 14 a 15 niños, lo que representa alrededor del 40 por ciento del total.

Es tal la cantidad de jornaleros que emigran a diario que el Ayuntamiento de Chilapa dejó de entregar kits de limpieza con cubreboca y gel antibacterial.
 
Antes de partir, personal de la Secretaria de Salud estatal mide la temperatura de los migrantes, les consulta si padecen síntomas de alguna enfermedad, mientras que a los niños les registran las vacunas que llevan puestas y su grado de escolaridad.  

La mecánica de contratación es por medio de los “mayordomos” o contratistas que son jornaleros con experiencia que ahora se dedican a convocar y juntar gente desde sus propias comunidades. 

Por medio de perifoneo se reclutan a trabajadores desde los 13 años de edad.

Con la pandemia por el coronavirus, los contratistas ya no aceptan a embarazadas ni adultos mayores de 60 años.

El éxodo inicia en mayo hasta diciembre casi de manera ininterrumpida.

La falta de empleo por la pandemia a causa de Covid-19 potencializó la salida de migrantes internos. De acuerdo al Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, en 2020 el registro de jornaleros que salieron de esa región se duplicó en comparación con los últimos dos años. 

En 2018 hubo 6 mil migrantes, en 2019 poco más de 5 mil y en 2020 la cifra alcanzó las 12 mil 9 personas.

*La carencia los obliga a salir de Tlacoaxtla

Tlacoaxtla es una comunidad de Chilapa con un grado de marginación Alto. Es decir, la mayor parte de su población padece de analfabetismo o no ha concluido la educación básica, carece de drenaje, escusado y agua entubada y su población no llega a recibir más de dos salarios mínimos.

Eso explica por qué el 75 por ciento de su población se va cada año de seis a nueve meses a los campos del norte país para ser contratados como jornaleros agrícolas. 

Los pobladores que se quedan son en su mayoría adultos mayores que se alquilan entre ellos. Subsisten de la agricultura de autoconsumo y de la albañilería.

Cuando las mujeres regresan por temporadas al pueblo elaboran bolsas de palma que llevan a vender al tianguis de Chilapa.

Roberto Muñoz Flores, comisariado ejidal en Tlacoaxtla, explica que en el pueblo no hay empleos ni hay quién les pague. Allá, en los campos agrícolas, están ganando dinero diario, aunque sea poco.

“Se empiezan a ir desde junio, julio, agosto, ahorita todavía se están yendo. Se van familias completas para mantener a su familia, viendo que aquí no hay trabajo” 

— ¿Cuántos se van?, Se le preguntó a la autoridad de unos 65 años.

La mayoría. Ya no queda ni medio pueblo. Se quedan los ancianitos, como ahora yo. Ya para allá no nos dan trabajo, pero acá nos sostenemos. Si yo tengo un trabajito alquilo a aquel, nos andamos ayudando, ahí va cayendo para las Cocas (Coca – Cola).

Cada campaña electoral políticos de Chilapa llegan a Tlacoaxtla para prometer hasta la construcción de su Comisaria. Nunca han regresado, por eso las autoridades y los pocos pobladores que quedan ya no creen en los candidatos, ni siquiera ya se desgastan en hacer solicitudes.

No obstante, asegura el Comisariado, la primera necesidad del pueblo es la vivienda, le continúa el drenaje, el agua potable y una clínica de salud.

En una emergencia por la noche o madrugada los pobladores contratan trasporte para atenderse en clínicas privadas de Chilapa, pero la inseguridad ha orillado a que los transportistas prefieran no salir o a arriesgarse pero cobrando 400 pesos por viaje.

“Hay muchas necesidades. La necesidad todos la tenemos, sino no tienes lo más necesario, debes salir para conseguir eso.

“Queremos algún trabajo que hubiera, ahora no lo tenemos, no hay.  El agua nos hace falta, viviendas, drenaje, agua y el centro de salud, ya nos cansamos que nos anden aborreciendo en Cuautenango, el pueblo vecino que tiene una clínica de salud”.

De los 130 mil habitantes que tiene el municipio de Chilapa de Álvarez, el 85 por ciento se encuentran en un nivel de marginación “alto” y “muy alto”, según la desaparecida Secretaria de Desarrollo Social.

*Solo uno de cada 10 estudiantes jornaleros vuelve para recuperar sus estudios

De 10 estudiantes de Secundaria que emigran como jornaleros durante un ciclo escolar sólo uno de ellos regresa a la escuela para recuperar sus estudios, explica el profesor Daniel Hernández Moreno.

Entre los adolescentes migrantes, el mentor en ciencias naturales, identifica dos tipos de alumnos y afectaciones: a los que no les interesa aprender y a los que con dificultad recuperan parte del ciclo escolar. 
 
“Están a los que no les interesa su educación, ni a ellos ni a sus papás. Este tipo de alumnos se van y lo que menos les interesa es aprender. Su meta es tener su certificado de secundaria para solicitar un trabajo. 

“Si les afecta de manera considerable pero como no les interesa para ellos les da igual. Hace falta que los padres de familia y maestros nos detengamos a ver las causas.

Y están los alumnos que realmente les interesa su educación y quieren sobresalir con sus estudios a pesar de la adversidad, dice.

«De 10 alumnos migrantes, uno vuelve a sobrevivir, regresa y desesperadamente busca recuperar lo perdido en clases» dice el profesor.

Hay casos donde alumnos han llegado a perder un ciclo escolar a causa de los largos periodos de ausencia por la migración, pero lo recuperan repitiendo el grado escolar. 

“Hay alumnos que son inteligentes y los sacan de la escuela, pero al regresar recuperan los contenidos perdidos, aunque en un 50 por ciento”.

En el ciclo escolar, comenta, los alumnos se ausentan por migración de 2 a tres meses, regresan un mes a la escuela y se vuelven a ir a trabajar.

*Este año la pandemia los obliga a salir de sus comunidades

—¿Porque se van?, se le pregunta a María del Socorro, una señora de 49 años que al borde de una banqueta es acompañada de sus tres nietas que la observan y al mismo tiempo juguetean entre ellas.

«No hay trabajo, ahora con la enfermedad no hay trabajo ni para los hombres, mi esposo trabajaba en obras pero le pararon la construcción, dijo María.

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